Editorial 318

Publicado el 11 Diciembre 2014
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Entre cuentos de terror inventados por el Procurador General de la República e historias fantásticas, engarzadas por el Auditor Superior de la Federación, diputados, senadores, la pareja presidencial y todos los integrantes del gabinete con casas del grupo HIGA, llegamos nuevamente a la temporada navideña y al fin de año. 

Sin poder superar todavía lo que nos trajo el 2014 –reformas estructurales, oleadas de violencia, crisis económica, devaluación, corrupción rampante e impunidad descarada– no nos queda más que entrarle al 2015 con entusiasmo y energía, con la convicción de que sí podemos mover a México, pero en serio. 

El 2015: el año que obligamos a renunciar al presidente. 

 

¿A poco no se oye bonito?