Editorial 320

Publicado el 15 Enero 2015
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Consternación y condena mundial provocó el brutal asesinato de cuatro muy reconocidos caricaturistas franceses del semanario Charlie Hebdo y otras ocho personas que laboraban en su redacción.

Los colegas caídos: Wolinski, Cabú, Charb y Tignous, practicaban un humor extremadamente irreverente y contestatario –muy a la francesa–pitorreándose de los fundamentalistas de toda ralea. Así, despertaron la ira de algunos grupos que desde hace tiempo los habían amenazado de muerte.

Periodistas y artistas libres, los cuatro murieron defendiendo su derecho a opinar sobre todos los temas y reírse de todo mundo. Acusados por algunos de racistas e islamofóbicos, nunca lastimaron tanto a los musulmanes del mundo entero como los integristas que los asesinaron.

La derecha más recalcitrante y racista se los agradecerá siempre.