Editorial 1.1

Publicado el 25 Febrero 1996
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Cada vez que un funcionario habla se quema un poco y se expande por los aires un olor a chamusquina, a chamusco, a chamuco.

El sistema ya huele a chamuco. Es decir, apesta a mil demonios, pero ya sólo hay demonios muy menores. A pesar de que estudiaron en Harvard, Yale, El Interlingua y las Academias Patrulla, estos pestilentes enviados de Satanás están chamacos.

Son los Chamucos que, como diría Cri Crí, son un demonial. Bien los retrata José Guadalupe Posada en el dibujo que adoptamos como logotipo: Tienen un trinche en la mano, cuernos de buey, una cara que hace juego, una pata de cabra, otra de gallo, la otra en el presupuesto, y una larga cola con un pico atrás. Resumiendo, son unos verdaderos hijos del Averno.

Hay Chamucos mayores, Chamucos medianos, Chamucos menores y Roques Villanuevas. Todos huelen a azufre y sacamos en conclusión que estos pobres diablos enriquecidos se pueden ir muy pronto a lo más pando del Averno.

Para dar fe de este suceso, e inspirados en nuestros guías espirituales Stalin, Kim-il-Sung, Enver Hoxha, Luis Pasos en la azotea y Miguel Angel Cornejo, un grupo de Chamucos independientes coailgados en una ONG, hemos decidido sacar a la luz pública esta revista ortodoxa, dogmática, cuadrada y catorcenal, con hartos monos pero sin rascahuele, para la mayor gloria de Dios.