Editorial 351

Publicado el 23 Marzo 2016
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Asombrados por desconocer los límites del universo y otras grandes incógnitas, se pensaba que los científicos jamás terminarían de indagar en los misterios matemáticos más insondables, o las fórmulas que hacen que el cosmos pudiera ponerse en riesgo o en colapso, por la energía oscura que a veces se comporta de maneras que todavía desconocemos.

Y entonces, como si no hubiera preguntas más importantes qué contestar, como "¿Para qué sirve el colisionador de Hadrones?" o tal vez ¿Existe la partícula de Dios?, llega Donald Trump para confirmarnos que la estupidez, arrogancia, prepotencia, retrograda mentalidad cínica, pueden convertirse en prioritarias malas vibras a estudiar, y que aunque pensamos que ya lo hemos visto todo, volverse cada vez, más oscuras de intenciones y de alcances inconmensurables.

Y nos plantean preguntas todavía más vitales para la humanidad como, ¿Qué hacemos si este loco se pudiera convertir en presidente?